Interesante fin de semana de convivencia el que hemos disfrutado en las localidades toledanas de Consuegra y Madridejos. Hemos regresado impregnados de su cultura, de sus costumbres, de su historia y, ¿cómo no?, del aroma y la belleza de la rosa del azafrán y de todo el proceso que se origina a su alrededor.

La acogida y organización de la visita ha corrido a cargo de ‘El Retiro de la Mancha’, donde nos hemos hospedado las 54 personas que hemos disfrutado de esta actividad. Los hermanos Ureña, Edesio y María Ángeles, han sido unos estupendos anfitriones y nos han facilitado todos los recorridos que hemos realizado.

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Nada más llegar a Madridejos nos recibieron en el Museo del Azafrán y Etnográfico dos encantadoras personas de la asociación “El Carpío”, Maria Jesús y Juliana. El museo está instalado en el antiguo convento de San Francisco. En él descubrimos todo el proceso del cultivo de azafrán, desde la preparación de la tierra, plantación, recogida, monda de la rosa, tueste, partición y venta. Así como sus usos gastronómicos y medicinales. Las piezas, muebles y objetos expuestos han sido donados por la población de Madridejos y restaurados y puestos en valor por la Asociación Cultural El Carpío. Curioso localismo que significa “aviso o llamada de atención” (- Dale un ‘carpío’ a ese, que no me escucha…)

Después nos desplazamos a ver el silo del Colorao. Los silos son viviendas subterráneas excavadas en la tierra de manera artesanal por las familias más humildes. Constan de distintas dependencias encaladas que conservan una temperatura similar en todas las épocas del año.

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Por la tarde visitamos la Quesería ‘El Consuelo’, certificada por la Denominación de Origen ‘Queso Manchego’, donde nos mostraron y explicaron todo el proceso de fabricación, desde la sala de ordeño hasta las cámaras del secado y envejecimiento.

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Al caer la tarde, ya ‘entre dos luces’, nos acercamos con nuestro autobús a la crestería manchega de Consuegra, en el cerro Calderico,  donde están enclavados el castillo y los doce molinos de viento de este conjunto arquitectónico. Edesio, gran conocedor y amante de la historia y las costumbres de su pueblo, nos estuvo haciendo una amena reseña sobre el origen del castillo, erigido durante el Califato de Córdoba y que Alfonso VIII, tras su conquista en el siglo XII, lo cedió a la Orden de San Juan de Jerusalem, también conocida como Orden de los Caballeros Hospitalarios.  En el siglo XIX fue ocupado por las tropas napoleónicas, que destruyeron los archivos de la Orden. Posteriormente cayó en estado de ruina progresiva, hasta que en los años sesenta del siglo pasado comenzó su restauración la Escuela Taller de Consuegra que sigue realizando trabajos en el mismo.

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Con una mañana radiante despertamos el domingo. Nos dirigimos a la explotación agraria de los Hermanos García en Madridejos, donde Javier, uno de ellos, nos estuvo contando que son la tercera generación que se dedica principalmente al cultivo de cebolletas. Con él pudimos contemplar una gran extensión de este producto, que estaba ya en su fase final, a punto de la recolección. Nos contó que les mueve la pasión y la vocación por seguir con la explotación familiar y por el amor a su tierra. Nos fuimos enterando de que esta zona de Castilla La Mancha es la mayor productora de cebolletas de España. Que toda su producción es enviada a Merca Madrid, que la distribuye a todos los mercados nacionales, siendo el mercado catalán su principal destino para el consumo de los famosos Calçots.

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No menos interesante que la visita a los campos de Javier García en Madridejos resultó la visita al azafranal de Juan Antonio Lozano, otra vez en Consuegra. Otro agricultor al que le mueve la pasión y que nos volvió a contar algunas cosas que ya habíamos oído en el museo del Azafrán. Que este mismo año, a finales de agosto, había plantado las cebollas que dan origen a la planta y que permanecerán en la tierra durante cuatro años, teniendo que dejar luego esa tierra sin volver a cultivar azafrán durante 14 o 15 años. Que habiéndose enterado de nuestra visita no había recolectado ese día para que viéramos su campo lleno de rosas de azafrán. Que nos repartió unas cestas para que probáramos a recolectar y sintiéramos por nosotros mismos ese contacto con la tierra y las labores agrícolas. Fue una agradable visita que rematamos en el pueblo, probando en su pequeña tienda un vino con el que nos obsequió así como embutidos y productos locales, la mayoría de ellos condimentados con azafrán.

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A continuación nos esperaba nuestra ración monumental. Nos dirigimos de nuevo a la crestería del cerro Calderico para la visita a un molino y una visita teatralizada al Castillo de Consuegra.

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En el molino fue nuevamente Edesio quien se encargó de contarnos todos sus secretos. La mayoría no sabíamos que toda la cúpula es giratoria y que las ocho ventanitas, aparte de servir para que entrara la luz, servían también para conocer la dirección del viento. El molinero, con la ayuda de algún burro o caballería movía el palo de gobierno en el exterior hasta que las aspas se ponían en dirección al viento. Entonces colgaba las velas y el molino empezaba a girar y a moler. A veces no era necesario extender las cuatro velas, sino que con dos o tres era suficiente. Ya en el interior subimos para ver los engranajes de la maquinaria, toda hecho de madera. Existe una rueda dentada principal, que se llama la rueda catalina, unida a las aspas por un importante eje. Esta rueda principal mueve la rueda linterna que está conectada a la piedra volandera, que es la que gira sobre la piedra solera para moler cualquier tipo de grano. ¡Todo un tratado sobre la molienda!

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A la una en punto entramos al castillo, donde nos esperaba el plato fuerte de la jornada. La visita teatralizada y participativa estuvo de lo más divertido. Gracias a cuatro o cinco actores fuimos recorriendo las distintas dependencias del Castillo, desde la plaza de armas, donde hicimos un ensayo de lucha con espadas para la defensa del castillo, hasta un aljibe con bóveda de cañón perfectamente conservado, pasando por distintas dependencias, como la sala de armas o la sala de archivos de la Orden, la sala capitular y la ermita. Desde la torre albarrana volvimos a disfrutar de las maravillosas vistas de los montes de Toledo hacia un lado y las llanuras de la Mancha hacia el otro. Y unas últimas fotos al conjunto monumental de los molinos.

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Después del fragor de la batalla en la defensa del castillo nos esperaba la recompensa de una exquisita comida en ‘el Retiro de la Mancha’ con los platos típicos de la zona: unas migas y un pisto al estilo manchego, así como un sorprendente revuelto de morcilla.

Desde este nuestro blog de la Sociedad de Amigos del Real Jardín Botánico de Córdoba damos las gracias a todas las personas que nos han hecho pasar un fin de semana inolvidable. Especialmente a Edesio Ureña y a su hermana María Ángeles.

Texto y fotos:
Juan Ramírez