Su nombre genérico viene del griego “melissa” (abeja), por ser planta melífera. Su nombre específico nos indica su aplicación medicinal. Pertenece a la familia de las Labiadas. Es una planta herbácea, de entre 30 y 90 cm de altura, de olor a limón, cubierta de glándulas y ligeramente tomentosa. Sus hojas son opuestas, ovales, suavemente dentadas, verde oscuro por el haz y verde claro por el envés. Las flores, de color amarillento al principio y luego blanquecino o rosado, se disponen en verticilos, de 6 a 12, en las axilas de las hojas, sobre tallos laterales. Florece de mayo a agosto. Esta especie se extiende por el extremo sur de Europa, España y otros países mediterráneos, en lugares frescos y umbrosos.

melissa officinalis

Melissa Officinalis

CULTIVO

Es una planta fácil de cultivar, ya que se propaga rápidamente por medio de raíces rastreras y por sus semillas, por lo que su multiplicación puede hacerse con éstas o por división de pies.

Por semillas: el semillero en vivero puede hacerse sobre cama templada o fría, de febrero a marzo. Deben emplearse las semillas del año anterior. Las plantitas nacen a las dos o tres semanas, debiendo realizarse la plantación definitiva en abril o mayo. También pueden sembrarse al aire libre. En este caso la siembra se realizará en marzo o abril y el repicado se hará en otoño.

Por división de pies: se realiza en febrero o marzo. Se recogen los tallos jóvenes, alrededor de los pies madres, provistos de algunas raíces y se plantan en terreno de asiento. Es un método práctico cuando se dispone de una vieja plantación. Permite una implantación más rápida del cultivo, con producción desde el primer año. Tiene el inconveniente de que puede propagar los parásitos del cultivo antiguo, por lo que es necesario escoger plantas madres completamente sanas.

RECOLECCIÓN

hojas de melisa

hojas de melisa

Debe efectuarse en tiempo seco, con el fin de evitar el ennegrecimiento del material vegetal cuando se seque. Sólo se recolecta la parte aérea de la planta, poco antes de la floración

El material verde recolectado se pasa así al secadero, o se trocea antes a la altura de los entrenudos, eliminando la base de los tallos, lo que permite un desfoliado que facilita el secado y revaloriza el producto.

El secado debe hacerse en secadero, a una temperatura de 35ºC, o bien en un lugar seco y bien ventilado y a la sombra, para evitar el ennegrecimiento de las hojas. Para su conservación deben usarse envases opacos, impermeables, que no sean de plástico. La recolección para la destilación, que es poco frecuente, se efectúa cuando la planta está en plena floración.

PROPIEDADES Y APLICACIONES

Las hojas y sumidades floridas son antiespasmódicas, sedantes, estomáquicas, carmintivas, cicatrizantes, germicidas y antioxidantes de alimentos. Se usan en forma de infusión, extracto, de cocción, en herboristería y en licorería. Entra en la composición del “Agua del Carmen” o “Melisaria” y en la preparación del Chartreuse, Benedictine y otros licores. La esencia se emplea en perfumería y cosmética.

flor de melisa o toronjil

flor de melisa o toronjil

 

AGUA DEL CARMEN

Esta agua carmelita, versión antigua del agua de colonia que originalmente se usó con fines medicinales, era un alcohol destilado a partir de hojas de melisa con limón, nuez moscada, clavo y cilantro. La hicieron por primera vez las monjas de la Abadía de Saint Juste, cerca de París, en 1379, y era recetada para dolores de cabeza nerviosos. En 1611 se comenzó a fabricar en la farmacia de los monjes carmelitas de París, haciéndose muy popular durante todo el siglo XVII. Se utilizaba en el tratamiento de la neuralgia, y se tomaba también para recobrar la “alegría de vivir” incluso en los más melancólicos. El emperador Carlos V la utilizaba diariamente en su baño y la inhalaba en un pañuelo “para refrescar el intelecto”. Se creía que curaba la calvicie, devolvía la juventud y confería longevidad: “Esencia de melisa tomada todas las mañanas en vino canario, devolverá juventud, fortalecerá el cerebro, aliviará la languidez y prevendrá la calvicie”, dice el London Dispensatory de 1692.

Luis XVI fue el último soberano que concedió a los monjes la patente para fabricar el Agua del Carmen. Después de 1780, el Colegio de Farmacia demandó a éstos un pago equivalente a unas 7.000 pesetas al año y, cuando las órdenes monásticas fueron suprimidas en 1781 y confiscadas sus propiedades, 45 carmelitas del monasterio de Van Girard formaron una compañía para destilar el agua de melisa. El último superviviente, el hermano Paraíso, murió en 1831, pero su fórmula sobrevive todavía en los códices franceses.

CURIOSIDADES

La melisa se ha venido usando durante siglos para atraer a las abejas. Solía plantarse en torno a los huertos para fomentar la polinización. Durante los siglos XVII y XVIII, la melisa era utilizada por los apicultores para hacer que las abejas permaneciesen en sus colmenas y todavía éstos opinan que si se frota el interior de la colmena con melisa, esto hará que el enjambre no se vaya y que, incluso, atraiga a un nuevo enjambre. Este truco era ya conocido por Plinio en el siglo I de la era cristiana, de quién se puede leer este texto traducido al inglés por Gerard: “Las abejas se deleitan con esta hierba más que con ninguna otra… Cuando se pierden en sus errabundeos, encuentran su camino de vuelta gracias a ella”.

Dioscórides la prescribió para las mordeduras de los perros rabiosos y como cura para el dolor de muelas. En el pasado, la melisa era considerada la “hierba de los eruditos”, dándose una tisana de melisa a los estudiantes “para aclarar sus cabezas y aguzar tanto su memoria como su entendimiento”. En el “Lenguaje de las Flores” la melisa representa la jocosidad, porque pone a la gente alegre y contenta e incluso tranquiliza a los nerviosos.

Ana Ariza Arellano
Doctora en Biología